Notas del taller 004. Mañanas ligeras

Notas del taller 004. Mañanas ligeras

Todas las mañanas me levanto con pajaritos cantando y un sol radiante. Sería maravilloso que esos pájaros cantarines y esa luz cálida que entra en mi habitación fueran reales, pero, en realidad, vienen de un despertador muy moderno que me regalaron las Navidades pasadas.

Aun así, me encantan las mañanas. Me gustan esos primeros momentos del día en los que parece que nada ha empezado todavía. El tiempo va más despacio y no hay demasiadas cosas que atender. Solo levantarse, abrir un poco la persiana y empezar.

Me gusta vaguear cinco minutos más entre las sábanas aunque ya esté despierta. Ver cómo los rayos de luz se cuelan por los huecos de la persiana y van cambiando poco a poco la habitación. Levantarme, ducharme y sentirme una persona nueva. Elegir qué ponerme sin demasiada prisa, probarme algo, cambiar de idea y volver a sentarme en la cama. A veces incluso tumbarme otra vez durante unos minutos, como si vestirse fuese una tarea que necesitase descansos.

También me gustan todos esos pequeños gestos que se repiten casi sin pensar: preparar el desayuno, buscar un pendiente que no sé dónde he puesto, abrir cajones, dejar las prendas que no voy a utilizar encima de la silla. Son acciones bastante normales y probablemente no tienen nada de especial, pero precisamente por eso me interesan.

Hay algo en las rutinas que acaba pasando desapercibido. Las repetimos todos los días y dejamos de prestarles atención, aunque muchas veces son las que mejor explican cómo vivimos. Quería detenerme un momento en esas cosas pequeñas y mirarlas de otra manera.

Por eso nació Mañanas Ligeras. Quería guardar todas esas sensaciones para que no se me olvidaran nunca.

Anita fue quien consiguió convertir todo eso en imágenes. Nos juntamos una mañana de domingo y recreamos, paso a paso, ese pequeño ritual mañanero. No queríamos construir una mañana perfecta ni demasiado preparada, sino conservar precisamente lo cotidiano: los descansos, el desorden, la ropa tirada, los gestos que hacemos sin darnos cuenta.

Y así, fotografiamos una mañana cualquiera.

Una mañana lenta, sencilla y ligera.

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